miércoles, 21 de agosto de 2013

Tregua

Te ofrezco una tregua.
A ti. A nuestros egos y a sus actividades mundanas.
A nuestros silencios innecesarios y vacíos.
A la indigestión de las palabras; a los "te echo de menos" y "te quiero" no dichos por miedo a un dolor de estómago.
Una tregua a nuestra frialdad fingida; a nuestra indiferencia barata, esa que le gusta exhibirse por las esquinas.
Una tregua a los espacios que no nos atrevemos a ocupar con nuestra presencia.
A los momentos que no nos atrevemos a llenar con el sosiego de estar juntas, aunque solo sea para gritar o para nada.
Una tregua a nuestros ojos, darles permiso para mirar, para divagar mientras se toman un café.
Una tregua a la comisura de nuestros labios, darles un descanso y dejar que estiren las piernas, que se asomen un poquito los dientes.
Una tregua a nuestras manos, dejarlas libres para que peleen. Y sorprenderlas haciendo travesuras como quien no quiere la cosa.
Hagamos una tregua, gritemos al mundo que estamos en tregua. Porque sí, porque podemos, porque queremos y porque nos queremos.
Aunque de esto ultimo no esté segura. Aunque sigamos con nuestras estrategias militares.

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